Epigenética y herencia: lo recibido no es una condena

Una mirada responsable sobre nuestros genes, las experiencias vividas y la posibilidad de construir algo diferente.

Libro abierto del que emerge una hélice de ADN entre luz y naturaleza
Imagen simbólica sobre el ADN, la epigenética y la historia que recibimos.

Durante mucho tiempo hemos escuchado que los genes determinan quiénes somos y que nuestra herencia biológica marca inevitablemente nuestro destino. Sin embargo, la epigenética ha permitido comprender una realidad más amplia: aunque no podemos cambiar la secuencia del ADN con la que nacemos, la actividad de algunos genes puede variar en relación con el ambiente, la alimentación, el descanso, el estrés, las experiencias vividas y otros factores.

Esto no significa que podamos controlar completamente nuestra biología ni que toda enfermedad tenga una causa emocional. Significa que los genes no actúan de manera aislada: forman parte de una relación compleja entre biología, historia, entorno y formas de vida.

¿Qué estudia la epigenética?

La epigenética estudia los mecanismos que regulan la actividad de los genes sin modificar la secuencia del ADN. Podríamos imaginar el ADN como un gran libro de instrucciones y los mecanismos epigenéticos como señales que ayudan al organismo a determinar qué partes de ese libro utilizar en un momento determinado.

El Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental de Estados Unidos —NIEHS, por sus siglas en inglés— explica que los procesos epigenéticos ayudan a dirigir cuándo determinados genes se activan o se desactivan. También señala que algunas modificaciones pueden permanecer durante mucho tiempo y que ciertas condiciones ambientales pueden influir en ellas.

Estas señales pueden verse relacionadas con diferentes factores, entre ellos:

  • La alimentación.
  • La actividad física.
  • El descanso.
  • La exposición a sustancias o contaminantes.
  • El estrés sostenido.
  • Algunas enfermedades.
  • Las condiciones vividas durante el embarazo.
  • El entorno familiar y social.

Esto no significa que cada pensamiento, emoción o experiencia modifique automáticamente nuestros genes. Tampoco significa que podamos activar o desactivar genes únicamente mediante la voluntad. La relación entre nuestras experiencias y la expresión genética es compleja y continúa siendo estudiada.

¿El dolor emocional también puede transmitirse?

Las experiencias difíciles vividas por una generación pueden influir en las siguientes de diferentes maneras.

Una familia puede transmitir formas de relacionarse, silencios, temores, creencias, estrategias de supervivencia, maneras de afrontar el dolor y respuestas aprendidas frente al peligro. Esta transmisión puede ocurrir mediante la crianza, el apego, las narrativas familiares, las condiciones sociales, la cultura y las conductas que se repiten dentro del hogar.

La investigación también estudia si algunas experiencias intensas pueden dejar cambios biológicos o epigenéticos que influyan en generaciones posteriores. Sin embargo, este campo todavía se encuentra en desarrollo y sus resultados deben interpretarse con prudencia.

No podemos afirmar que una emoción concreta, un recuerdo completo o una experiencia personal se hereden directamente a través de los genes. Tampoco podemos asegurar que todos los descendientes de una persona traumatizada desarrollarán las mismas dificultades.

Lo que sí podemos reconocer es que las experiencias familiares dejan huellas. Algunas se transmiten mediante las palabras; otras, mediante los silencios, los vínculos, los hábitos, los temores o las maneras de reaccionar ante la vida.

Un campo amplio: acuerdos y preguntas abiertas

La epigenética reúne actualmente a numerosos científicos y equipos de investigación que exploran la relación entre genes, ambiente, desarrollo, estrés, alimentación, enfermedad y herencia.

Sus conclusiones no son idénticas. Algunos estudios encuentran indicios de efectos epigenéticos que podrían alcanzar a generaciones posteriores; otros investigadores advierten que todavía no existe evidencia suficiente para demostrar que esos cambios se transmiten de manera estable en los seres humanos.

No es posible abarcar todo este campo en un solo artículo. Sin embargo, existen varios puntos en los que las fuentes consultadas permiten establecer una base común:

  • Los genes no funcionan de manera completamente aislada del ambiente.
  • La epigenética participa en la regulación de la actividad genética sin cambiar la secuencia del ADN.
  • Algunas experiencias y exposiciones pueden asociarse con modificaciones epigenéticas.
  • Los efectos de una experiencia pueden alcanzar a los hijos mediante múltiples caminos: embarazo, crianza, apego, vínculos, hábitos, condiciones sociales y, posiblemente en algunos casos, mecanismos biológicos.
  • La evidencia de transmisión epigenética transgeneracional es más sólida en determinados animales y organismos que en los seres humanos.
  • En humanos es muy difícil separar los efectos genéticos, epigenéticos, ambientales, familiares, sociales y culturales.
  • La herencia biológica no permite predecir de manera absoluta el destino de una persona.
  • Ningún hallazgo autoriza a afirmar que los recuerdos completos, las culpas o los conflictos familiares se heredan directamente dentro de los genes.

Este punto de encuentro es importante para Phipie Visión: la historia recibida puede influir en nosotros, pero no debe utilizarse como una sentencia ni como una explicación única de todo lo que vivimos.

Lo que mostró el estudio de Dias y Ressler

Entre los muchos trabajos existentes, el artículo original mencionaba el estudio realizado por Brian Dias y Kerry Ressler, publicado en línea en 2013 y en la edición de 2014 de la revista Nature Neuroscience.

En este experimento, realizado con ratones, los investigadores asociaron un olor específico con una experiencia de miedo. Posteriormente observaron que algunos descendientes mostraban una sensibilidad mayor frente a ese mismo olor. También encontraron cambios relacionados con la regulación genética en las células reproductivas de los animales estudiados.

Este trabajo abrió preguntas importantes sobre la posible transmisión biológica de ciertos efectos relacionados con experiencias ambientales. Sin embargo, es fundamental aclarar sus límites:

  • El estudio fue realizado con ratones, no con seres humanos.
  • Se investigó una respuesta específica asociada con un olor.
  • No demostró que los recuerdos completos se hereden.
  • No permite afirmar que todos los traumas humanos se transmitan biológicamente.
  • No establece que estas consecuencias se mantengan obligatoriamente durante tres generaciones.

Su valor para este artículo consiste en mostrar que algunas experiencias ambientales pueden relacionarse con cambios observables en el comportamiento y la biología de generaciones posteriores dentro de un modelo animal controlado. No debe utilizarse como demostración definitiva de que los traumas familiares humanos se heredan de la misma manera.

Lo que aportó el estudio del Invierno del Hambre neerlandés

Otro trabajo importante fue realizado por Bastiaan Heijmans y sus colaboradores. Los investigadores estudiaron a personas que habían estado expuestas durante la gestación a la hambruna ocurrida en los Países Bajos entre 1944 y 1945.

Décadas después, encontraron diferencias en la metilación de un gen relacionado con el crecimiento —IGF2— al comparar a las personas expuestas antes de nacer con hermanos del mismo sexo que no habían estado expuestos durante la gestación.

Este estudio aporta evidencia de que determinadas condiciones ambientales vividas durante una etapa temprana del desarrollo pueden asociarse con diferencias epigenéticas persistentes en seres humanos.

Sin embargo, tampoco demuestra por sí solo una herencia transgeneracional. Las personas estudiadas estuvieron directamente expuestas a la hambruna mientras se encontraban en el vientre materno. Por eso, este trabajo habla principalmente de los posibles efectos duraderos de una exposición prenatal, no de la transmisión de un trauma hacia generaciones que nunca estuvieron expuestas.

Lo que plantean Rachel Yehuda y Amy Lehrner, investigadoras del trauma intergeneracional

Rachel Yehuda, PhD, es profesora de Psiquiatría y Neurociencia y titular de la cátedra Chemers Neustein de Trauma y Resiliencia en la Escuela de Medicina Icahn de Mount Sinai. Amy Lehrner, PhD, es psicóloga clínica licenciada, profesora asistente de Psiquiatría y directora asociada de un centro de investigación sobre trauma y psicoterapia de la misma institución.

Yehuda y Lehrner revisaron diferentes investigaciones sobre los efectos intergeneracionales del trauma y el posible papel de los mecanismos epigenéticos.

Las autoras distinguen varias formas mediante las cuales los efectos de una experiencia pueden alcanzar a los descendientes. Entre ellas se encuentran:

  • El estrés materno durante el embarazo.
  • El ambiente vivido por el niño durante sus primeros años.
  • Los cuidados recibidos después del nacimiento.
  • Las respuestas psicológicas y fisiológicas de los padres.
  • Posibles modificaciones relacionadas con las células reproductivas.

Su revisión reconoce que existen resultados importantes, pero también señala que los estudios más convincentes proceden de modelos animales. Debido a la escasez de investigaciones humanas y a sus dificultades metodológicas, no consideran posible atribuir los efectos intergeneracionales en seres humanos a una única causa biológica, psicológica o social.

Este aporte resulta especialmente importante para Phipie Visión: las experiencias familiares pueden alcanzar a las nuevas generaciones, pero lo hacen mediante caminos diversos que no deben reducirse exclusivamente a los genes.

La mirada crítica de Bernhard Horsthemke

Bernhard Horsthemke analiza críticamente la herencia epigenética transgeneracional en seres humanos.

Su trabajo reconoce que este tipo de transmisión se ha observado en plantas, nematodos y moscas de la fruta. Sin embargo, señala que su existencia y alcance en mamíferos —y especialmente en seres humanos— continúan siendo objeto de debate.

Una de las principales dificultades consiste en distinguir entre:

  • Herencia genética.
  • Cambios epigenéticos.
  • Condiciones ambientales compartidas.
  • Formas de crianza.
  • Aprendizajes familiares.
  • Transmisión cultural.
  • Circunstancias sociales y económicas.

Esta mirada crítica no niega la existencia de la epigenética ni la influencia del ambiente. Nos recuerda que una asociación no siempre demuestra una causa y que todavía resulta difícil comprobar qué mecanismo específico explica una semejanza observada entre generaciones.

Nuestra conclusión desde Phipie Visión

Las heridas familiares no son una sentencia

Reconocer que nuestra historia familiar puede influir en nosotros no significa convertirla en una condena.

Podemos recibir vulnerabilidades, pero también fortalezas. Podemos heredar temores, pero también recursos para sobrevivir. Podemos aprender silencios, pero también descubrir nuevas maneras de hablar. Podemos repetir determinadas formas de relacionarnos y, al mismo tiempo, desarrollar la capacidad de observarlas y transformarlas.

No todo lo que vivimos procede de nuestros antepasados. Tampoco todos nuestros problemas pueden explicarse a través del linaje.

Cada persona está atravesada por una combinación única de factores biológicos, psicológicos, familiares, sociales, culturales, espirituales y ambientales. Por eso, ninguna explicación aislada debería utilizarse para definirla.

Nuestra historia influye, pero no escribe por sí sola todo nuestro futuro.

¿Qué sí podemos transformar?

No podemos cambiar aquello que ya ocurrió. Tampoco podemos modificar mediante el pensamiento la secuencia genética con la que nacimos. Pero sí podemos intervenir en muchas condiciones que influyen en nuestra salud y en nuestra manera de vivir.

Entre ellas se encuentran:

  • La forma en que cuidamos nuestro cuerpo.
  • La alimentación y el descanso.
  • La actividad física.
  • La regulación del estrés.
  • La búsqueda de atención médica cuando es necesaria.
  • El acompañamiento psicológico o terapéutico.
  • La construcción de vínculos seguros.
  • La revisión de creencias y conductas aprendidas.
  • La manera en que respondemos a lo que nos ocurrió.
  • La forma en que elegimos relacionarnos con quienes vienen después.

Estos procesos no ofrecen resultados inmediatos ni garantizan la prevención o curación de enfermedades. Sin embargo, pueden ayudarnos a construir condiciones más saludables para nuestra vida.

Transformar lo heredado no significa negar nuestros orígenes. Significa reconocerlos y decidir conscientemente qué deseamos conservar, qué necesitamos reparar y qué ya no queremos continuar transmitiendo.

La mirada de Bruce H. Lipton

Bruce H. Lipton, biólogo celular y autor de The Biology of Belief, cuestiona la idea de que los genes determinen de forma absoluta nuestro destino.

En un fragmento oficial de su libro escribe:

“The genes we inherit from our mothers and our fathers are not our fate!”

Traducción propia: “Los genes que heredamos de nuestra madre y de nuestro padre no son nuestro destino”.

Esta afirmación expresa uno de los planteamientos centrales de Lipton contra el determinismo genético. Sin embargo, debe presentarse como la postura del autor y no como una conclusión que resuma por sí sola todo el consenso científico.

Para Phipie Visión, una formulación propia, prudente y coherente con las fuentes consultadas es:

Nuestros genes influyen en nuestra historia, pero no la escriben por completo. El ambiente, los vínculos, los cuidados y nuestras decisiones también participan.

Cuando la ciencia y la espiritualidad dialogan

La ciencia y la espiritualidad pueden acercarse a la experiencia humana desde lugares diferentes.

La ciencia estudia procesos observables, formula hipótesis y busca evidencias que puedan ser comprobadas. La espiritualidad ayuda a muchas personas a encontrar sentido, esperanza, consuelo, propósito y una forma de relacionarse con Dios.

No es necesario presentar una dimensión como prueba de la otra.

La oración, la meditación, la reflexión, el trabajo emocional y algunas prácticas de acompañamiento pueden ayudar a una persona a encontrar calma, fortalecer sus recursos internos o relacionarse de otra manera con su historia. Sin embargo, no debe afirmarse que estas prácticas modifican directamente el ADN, activan genes específicos o curan enfermedades si no existe evidencia suficiente para sostenerlo.

De la misma manera, las constelaciones familiares y la biodescodificación pueden ser utilizadas por algunas personas como espacios simbólicos o reflexivos, pero no está científicamente demostrado que produzcan cambios epigenéticos, modifiquen el ADN o curen enfermedades.

Estas herramientas no deben reemplazar la atención médica, psicológica o psiquiátrica cuando sea necesaria.

Una espiritualidad responsable no culpa a la persona por enfermar ni le hace creer que su falta de fe, su resentimiento o sus pensamientos provocaron por sí solos su condición. Acompaña con amor, reconoce los límites de cada herramienta y respeta el lugar de la medicina y de los profesionales capacitados.

Sanar la relación con el linaje

Cuando hablamos de sanar el linaje, no afirmamos que podamos cambiar la biología de nuestros antepasados ni borrar lo que ocurrió en el pasado.

Hablamos de transformar nuestra relación con esa historia.

Podemos reconocer el dolor sin quedarnos atrapados en él. Podemos honrar a nuestros padres y antepasados sin justificar los daños que pudieron causar. Podemos agradecer la vida recibida y, al mismo tiempo, establecer límites frente a aquello que no deseamos repetir.

Sanar la relación con el linaje puede significar:

  • Reconocer una historia que permaneció en silencio.
  • Dejar de cargar responsabilidades que no nos corresponden.
  • Pedir ayuda para procesar experiencias difíciles.
  • Aprender formas más sanas de vincularnos.
  • Interrumpir patrones de violencia, abandono o sacrificio.
  • Transmitir a las nuevas generaciones mayor seguridad, cuidado y conciencia.

No cambiamos el pasado, pero sí podemos transformar la forma en que ese pasado continúa viviendo en nosotros y aquello que transmitimos mediante nuestros vínculos, decisiones y maneras de cuidar.

Y, finalmente, en Phipie Visión creemos que…

La herencia no tiene por qué ser contemplada como una condena. También puede convertirse en una oportunidad para comprender, ordenar y elegir de una manera diferente.

Honrar nuestros orígenes no significa repetirlos.

Perdonar no significa negar el daño, justificarlo ni renunciar a los límites necesarios.

Mirar la historia familiar no significa buscar culpables, sino reconocer qué ocurrió, qué consecuencias dejó y qué podemos hacer responsablemente con lo que recibimos.

Desde Phipie Visión proponemos una mirada que integre la espiritualidad, la reflexión personal y el respeto por el conocimiento científico, sin confundir sus alcances.

Creemos que Dios puede acompañarnos en nuestros procesos de restauración, sin dejar de acudir a la medicina, la psicología y otros profesionales cuando nuestra salud lo requiere.

Lo recibido forma parte de nuestra historia, pero no tiene que decidir por completo lo que haremos con nuestra vida.

Podemos aprender nuevas formas de amar, relacionarnos, cuidarnos y acompañar a quienes vienen después.

Aún hay tiempo para hacerlo diferente.

Fuentes consultadas y aportes tomados como referencia

Los enlaces conducen a la institución, al resumen académico o al documento original utilizado. Las traducciones al español que aparecen en este artículo son propias.

Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental — NIEHS

Aporte utilizado: la definición general de la epigenética como el conjunto de procesos que ayudan a regular cuándo los genes se activan o se desactivan, así como la relación entre determinadas exposiciones ambientales y los cambios epigenéticos.

“Processes that help direct when individual genes are turned on or off.”

Traducción propia: “Procesos que ayudan a dirigir cuándo determinados genes se activan o se desactivan”.

Esta fuente sustenta la explicación inicial del artículo, pero no demuestra por sí sola que los traumas emocionales humanos se hereden transgeneracionalmente.

Brian G. Dias y Kerry J. Ressler

Investigación: Parental olfactory experience influences behavior and neural structure in subsequent generations. Nature Neuroscience, 17, 89–96, 2014. DOI: 10.1038/nn.3594.

Aporte utilizado: el experimento con ratones en el que una experiencia olfativa paterna asociada con el miedo se relacionó con cambios conductuales y neuroanatómicos observados en descendientes.

Límite reconocido: fue un estudio animal sobre una respuesta olfativa específica. No demuestra que los recuerdos humanos completos ni todos los traumas se hereden.

Bastiaan T. Heijmans y colaboradores

Investigación: Persistent epigenetic differences associated with prenatal exposure to famine in humans. Proceedings of the National Academy of Sciences, 105(44), 17046–17049, 2008. DOI: 10.1073/pnas.0806560105.

Aporte utilizado: la asociación entre la exposición prenatal a la hambruna neerlandesa de 1944–1945 y diferencias persistentes en la metilación del gen IGF2 observadas aproximadamente seis décadas después.

Límite reconocido: estudia los efectos de una exposición prenatal directa. No demuestra por sí mismo una transmisión transgeneracional hacia personas que nunca estuvieron expuestas.

Rachel Yehuda y Amy Lehrner

Investigación: Intergenerational transmission of trauma effects: putative role of epigenetic mechanisms. World Psychiatry, 17(3), 243–257, 2018. DOI: 10.1002/wps.20568.

Aporte utilizado: la diferenciación entre los efectos producidos por el ambiente temprano, el estrés durante el embarazo, los cuidados posteriores al nacimiento y los posibles mecanismos epigenéticos relacionados con experiencias anteriores a la concepción.

“It is not possible to attribute intergenerational effects in humans to a single set of biological or other determinants.”

Traducción propia: “No es posible atribuir los efectos intergeneracionales en seres humanos a un único conjunto de determinantes biológicos o de otra naturaleza”.

Esta revisión sostiene la necesidad de evitar explicaciones únicas y de considerar conjuntamente los factores biológicos, psicológicos, familiares, culturales y sociales.

Bernhard Horsthemke

Investigación: A critical view on transgenerational epigenetic inheritance in humans. Nature Communications, 9, 2973, 2018. DOI: 10.1038/s41467-018-05445-5.

Aporte utilizado: la advertencia de que la herencia epigenética transgeneracional en mamíferos y seres humanos continúa siendo objeto de debate y que resulta difícil separarla de la herencia genética, ambiental y cultural.

“Its occurrence in mammals—and humans in particular—is the matter of controversial debate.”

Traducción propia: “Su existencia en mamíferos —y particularmente en seres humanos— continúa siendo objeto de un debate controvertido”.

Bruce H. Lipton

Fuente consultada: fragmento oficial de The Biology of Belief disponible en el sitio del autor.

“The genes we inherit from our mothers and our fathers are not our fate!”

Traducción propia: “Los genes que heredamos de nuestra madre y de nuestro padre no son nuestro destino”.

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